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No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

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No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Kvothe el Vie Sep 14, 2012 6:33 pm

INTRODUCCIÓN
Hogwarts & Londres ◆ Trama pricipal empieza en el año 1989
Saga: Harry Potter
Cronología: desde 1989 hasta 1986 (menos el capítulo uno)
Género: Acción/Aventura, Amor/Romance, Comedia/Humor
Clasificación Apta para todos los públicos

"– ¿Qué quieres hacer a Harry?
Voldemort bajó la varita por ahora, divertido por el comportamiento de la mocosa.
– Lo mismo que a tus padres querida.
– No le harás daño – no se esperaba esa respuesta. Su carita estaba completamente seria y sus ojos transmitían valentía y coraje.
– Eres impertinente. Interesante. Quizás no deberías morir. Regulus – este se acercó rápidamente –. Puedes llevarte a la niña a tu casa. ¿Cómo te llamas?
– Isabella Lilian Potter – dijo la niña, se lo tenía bien aprendido.
– Bien Regulus, pues puedes llevarte a Isabella a tu casa. A partir de ahora será Isabella Lilian Black."


Bella no es una Black, como Orion y James. Bella no es una Black como Regulus y Sirius. Hasta Elizabeth Malfoy tiene más de Black que ella. Porque ella es Bella Potter, la primogénita de la familia, hermana mayor del Elegido.

¡IMPORTANTE!
Tengo los primeros capítulos escritos, aunque los siguientes puede que se retrasen un poco. Entendedlo, todos tenemos una vida fuera del ordenador.
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Lotti el Vie Sep 14, 2012 6:38 pm

Parece interesante! Ya estoy deseando empezar a leer c:



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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Kvothe el Vie Sep 14, 2012 6:56 pm

Aquí dejo el primer capítulo, espero que les guste ^^

capitulo uno: batalla perdida
Guarida desconocida, Valle de Godric & 12 Grimmauld Place◆ 31 de octubre de 1981
El Señor Tenebroso estaba nervioso, aunque no lo demostrara. Con su temible varita daba rítmicos golpecitos a su otra mano mientras observaba, tirado al suelo, a su nuevo seguidor. El chico, bajito y regordete, con el pelo castaño claro, temblaba de miedo ante el mago más poderoso del siglo. Sus ojos, del mismo color que el pelo, estaban fuertemente cerrados, y de su boca salían murmullos atenuados por el martilleo de su corazón, que parecía salirle desbocado del pecho.

– Bien, Colagusano… Veo que al final te has decidido – dijo el Señor Tenebroso arrastrando las palabras –. Ahora me vas a decir dónde se esconde la purria de los Potter…

Antes que Colagusano pudiera responder el Señor Oscuro realizó un rápido movimiento de varita, y el chico se retorció de dolor ante la Maldición Cruciatus. No era necesario, pero igualmente le gustaba hacer sufrir a sus víctimas. El Señor Tenebroso se divirtió un poco más con los gritos de suplicio del chico, y luego bajo la varita. Abrió la boca y con un extraño sonido, arrastrando las eses, llamó a su querida Nagini, la gran serpiente. Esta se enroscó en el cuerpo de Colagusano, el corazón del cual parecía ir más rápido que antes, de ser posible.

– En… En el Valle de Godric… N-número 6 d-de la A-avenida principal, justo al lado de la casa de Bathilda Bagshot – dijo la última frase atropelladamente, sintiéndose como si se hubiera sacado un gran peso de encima.

Lord Voldemort sonrió. Se giró hacia el otro chico que había en la sala, solo uno o dos años más joven que Colagusano. Llevaba unos tejanos negros y una cazadora también negra, que combinaban con su pelo azabache, que le caía lacio y brillante tapándole parte de la cara. Sus ojos, de un gris muy claro, relucían en la oscuridad tristemente.

– Nos ponemos en marcha joven Black. Hacia el Valle de Godric.


La niña, pelirroja, de grandes ojos café claro igual que su padre y con un montón de pecas adornando su bonito rostro, no llegaba a los tres años, pero ya resultaba un incordio para su madre, quien la perseguía por toda la casa mientas el padre observaba con su hijo pequeño en brazos.

– Isabella Lilian Potter, ya me estás sacando de quicio – se quejó la madre, también pelirroja y con muchas pecas, pero con unos preciosos ojos esmeralda.
La pequeña seguía riendo montada a la escoba de juguete. Pasó volando por delante de su padre, y este no pudo reprimir una carcajada mientras el hermano pequeño alargaba los brazos: él también quería volar.

– James, no ayudas mucho – le reprendió Lily a su marido. Este se excusó plantándole un dulce beso en la frente.

– No hay nada que hacer, pelirroja. Isabella es una futura merodeadora con todas las letras.

En oír esa palabra la niña se bajo de la escoba, usando de escalón al gato. Luego se puso a bailar mientras decía algo parecido a “merodadora”. Lily suspiró y se acercó al pequeño que James aún tenía en brazos.

– Tú sí que serás un buen chico, ¿verdad Harry? – el niño sonrió. No tenía más de un año, y era un calco casi exacto de su padre: mismo pelo azabache indomable, misma nariz, mismos pómulos… Casi porque sus ojos eran los mismos que su madre, de un precioso verde profundo.

Era una velada normal en casa de los Potter. Eran una familia feliz, aparentemente sin problemas ni preocupaciones más grandes que las travesuras de su hija mayor. Pero la realidad y sus destinos eran mucho más crueles.

El puma plateado travesó las paredes de la casa y se puso enfrente Lily.

– Lo siento Lily. Ya viene – después de decir eso se esfumó dejando un incómodo silencio entre la pareja interrumpido solamente por los gritos de Isabella y la risa de Harry.

– Vamos Lily, sube con los niños arriba, yo os protegeré – reacciono James dado a que Lily estaba en estado de choque. Le tendió el pequeño Harry y cogió a Isabella de una revolada, quien ahora se divertía arrastrando al gato por la cola.

– James… - la voz de Lily se cortó. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

– Tranquila pelirroja – James la abrazó, con sus dos hijos en medio –. Todo saldrá bien.

Los dos sabían que no podía salir bien de ninguna manera. James dejó a Isabella al suelo y Lily la cogió de la mano. James le dio un beso en la frente.

– Papá… ¿Qué pasa?

– Nada cariño, tú ayuda a mamá con Harry.

El padre besó también la frente de su hijo y luego le dio un largo beso, lleno de tristeza y dolor, a su mujer. James observó como su querida esposa y sus adorables hijos subían a la planta de arriba, consciente que nunca más los volvería a ver. Luego oyó como alguien derribaba la puerta principal. No tenía varita, sabía que era un intento suicida, pero no podía hacer nada más. Y por algo James Potter fue a la casa de los leones en Hogwarts.

Lo último que vio fue una luz verde y unos ojos grises, casi idénticos a los de su mejor amigo, pidiéndole perdón. Su último pensamiento fue por su mujer y sus hijos, y luego nada más. Otra víctima de esa maldita guerra.

Lord Voldemort subió las escaleras flanqueado por Black. Justo antes de entrar en la habitación donde la madre estaba con sus hijos, este lo detuvo.

– Señor… ¿Seguro que es necesario?

– Claro que lo es Regulus, esto lo sabes tú demasiado bien, ¿verdad?

El Señor Tenebroso derribó la puerta y se encontró con la pelirroja delante de una cama infantil, con gesto protector.

– No… A mis pequeños no, por favor. A Isabella y a Harry no…

Voldemort no demostró ninguna emoción en su rostro cuando conjuró ese Avada Kedavra. Lily gritó, gritó por no poder proteger a sus pequeños, sin ser consciente de que les había proporcionado la única forma de sobrevivir.

Regulus parpadeó, reprimiendo las lágrimas. Lily, a pesar de ser Gryffindor, había sido muy buena amiga y casi la única que le entendía.

Voldemort se acercó a la cama, donde la pequeña Isabella jugaba con Harry. Ya había alzado la varita contra el niño y pronunciado una parte del conjuro cuando Isabella lo interrumpió.

– ¿Qué quieres hacer a Harry?

Voldemort bajó la varita por ahora, divertido por el comportamiento de la mocosa.
– Lo mismo que a tus padres querida.

– No le harás daño – no se esperaba esa respuesta. Su carita estaba completamente seria y sus ojos transmitían valentía y coraje.

– Eres impertinente. Interesante. Quizás no deberías morir. Regulus – este se acercó rápidamente –. Puedes llevarte a la niña a tu casa. ¿Cómo te llamas?

– Isabella Lilian Potter – dijo la niña, se lo tenía bien aprendido.

– Bien Regulus, pues puedes llevarte a Isabella a tu casa. A partir de ahora será Isabella Lilian Black.

Regulus desapareció con Isabella en brazos en dirección en el número 12 de la Plaza Grimmauld, mientras observaba al Señor Tenebroso lanzando un Avada Kedavra al pequeño de los Potter.


– ¡Tío Reg! – gritó la pequeña Isabella, abrazando a Regulus. Este a veces visitaba a Lily a escondidas de James y su hermano, y la pequeña le había cogido cariño.

– ¿Regulus?

Regulus se estremeció al oír esa voz. ¿Por qué su hermano tenía que visitar su casa años después de haberse fugado justamente ahora? ¿Por qué siempre tan oportuno?

– Bella cariño, quédate en la habitación de tío Reg y no hagas ruido que tengo que ir a hablar con…

– ¿Tío Sirius?

Regulus se sorprendió de lo inteligente y suspicaz que era esa niña. Sonrió tristemente y asintió. Acomodó a la pequeña en su cama y salió de la habitación, preguntándose por qué Sirius tenía que venir justo ahora.

– ¿Regulus, estás ahí? – la voz de Sirius, proveniente de la cocina, tenía un tono alarmado y preocupado, pero no de furia. Regulus suspiró antes de abrir la puerta.
Lo que se encontró lo dejó pasmado. Nunca, ni menos ahora, se hubiera imaginado tal imagen. Sirius estaba sentado en una silla, apoyando los brazos en la mesa y tapándose la cara con las manos. A su alrededor, correteaban dos niños de unos tres o cuatro años, idénticos, con el pelo negro azulado y unos ojazos grises. No había duda que ese par eran…

– ¿Tus hijos, Sirius? ¿Desde cuándo tienes hijos? – Sirius alzó la cabeza y asintió lentamente. De no ser por lo que había sucedido hoy y de que tenía a la hija de los Potter en su habitación Regulus hubiera reído al ver a su hermano tan desesperado.

– Rebecca Tanner… Esa… Quedó embarazada y no me dijo nada y… Gemelos… – Sirius estaba tan alterado que ni le salían las palabras.

– Con que gemelos, eh… Veo que, como buen Black, estás bien dotado. – Regulus, aunque pareciera frío y sin sentido del humor, tenía salidas de este tipo, y no pudo evitar hacer un poco de la broma.

– Tienen tres años. Ahora se ha cansado de ellos y me ha dicho que los debo cuidar… - Sirius parecía más relajado, seguramente hablar de su potencial había subido su autoestima – ¡Pero son unos demonios! Niños, os presento a vuestro tío Regulus. Id a molestarlo un rato y dejadme en paz, ni que fuera por solo unos minutos…

Los dos niños quedaron quietos, y esbozaron una sonrisa maquiavélica. Regulus se acercó, recordando a su hermano de pequeño.

– ¿Y cómo os llamáis?

– Sirius 1.

– Sirius 2.

Los dos lo dijeron al instante, y el padre se quedó aún más confundido.

– Mamá siempre decía que, con lo malos que éramos, no hacía falta ni ponernos nombre – dijo uno.

– Ya, pero Sirius es horrible… – se quejó el otro.

– ¡Hey! – Sirius parecía volver a ser él mismo – ¡Sirius el Sexy es el mejor nombre que pueda haber!

Regulus rió, olvidando por un momento todo lo que había pasado, feliz de volver a estar bien con su hermano.

– Deberías ponerles un nombre.

– ¿Yo?

– Claro, eres el padre – Sirius abrió mucho los ojos, atemorizado ante su nueva responsabilidad.

– Mm… Bueno… Uno se llamará James. Ya verás cuando Cornamenta se entere… – lo último lo dijo por él, pero Regulus lo oyó. Sirius aún no sabía nada, y él sería el que tendría que explicárselo todo. Sirius, contento, continuó con voz infantil: - ¿Quién quiere ser James?

– ¡Yo! James mola mazo.

– Venga, pues ya tenemos uno. Al otro ponle nombre tú, Reg.

Este sonrió, pues su hermano hacía mucho que no lo llamada así. Se giró al otro niño.

– ¿Te gustaría llamarte Orion? Es el nombre de tu abuelo.

Sirius le echo una mala mirada a su hermano, pero no dijo nada. Desde que sus padres habían muerto la relación entre ellos dos había mejorado considerablemente.

– ¡Sí¡ ¡Orion es más molón que James!

James y Orion se pusieron a corretear otra vez alrededor del padre, ahora feliz. Regulus, consciente que Sirius tenía que saberlo, se sentó a la silla de enfrente.

– Verás Sirius, tengo que contarte algo que no te va a gustar. Es sobre…

– ¡Tío Sirius! – interrumpió una vocecita de niña, que entró en la cocina y se lanzó a los brazos de uno de sus tíos favoritos.

Sirius, el cual esbozaba una enorme sonrisa, se puso serio de golpe. Abrió mucho los ojos, mirando a la pequeña pelirroja que lo abrazaba con fuerza, considerando lo menuda que era.

– ¿I… Isabella? ¿Qué haces aquí?

– Pues he venido con tío Reg… - Sirius dirigió su mirada estupefacta a su hermano menor, quien se revolvía el pelo estresado.

– ¡Bella! ¿No te había dicho que te quedaras en mi habitación?

– ¿Bella? – preguntó Sirius con una expresión entre sorprendida y enojada – ¿Cómo se te ocurre llamarle Bella como a…? – su pregunta quedó incompleta, suspendida en el espeso ambiente.

– ¿Cómo a Bellatrix? Sirius, sé que aún te duele vuestra separación. Sé que la quieres igualmente, es tu prima…

– No hables de eso, y menos para evitar el tema. ¿Por qué Isabella te llama tío Reg? – Sirius estaba exasperado. Primero, le dicen que es padre de gemelos. Luego se encuentra a la hija de su mejor amigo en su casa y, para el colmo, le llama a su hermano tío como a él.

– Sirius, tengo que explicarte muchas cosas, y no te van a gustar. Será mejor que los niños no estén presentes – Regulus se levantó rápidamente, antes de que Sirius pudiera reaccionar y cogió a Isabella. Orion y James dejaron sus juegos por centrarse en la niña. Regulus hizo un gesto con la cabeza indicando a los gemelos que lo siguieran, y los cuatro subieron arriba. Regulus los dejó en su habitación, sin prestar atención a la conversación que los pequeños tuvieron a continuación.

– ¿Cómo te llamas? – preguntó James, el gemelo más sonriente.

– Isabella Lilian Potter, aunque tío Reg me dice Bella, y me gusta más.

– ¿Y cómo es que llamas tío a nuestro tío? – esta vez preguntó Orion, más enigmático que su hermano.

– Porque también es mi tío, como tío Sirius y tío Remus.

– ¿Y por qué tienes tanto tíos?

– ¡¿Y por qué no jugamos a muñecas?! – gritó la niña, cansada de tantas preguntas y con ganas de martirizar un poco a aquellos dos niños idénticos, aunque ya había encontrado la manera de distinguirlos, pero no la etiqueta para ponerles. – ¿Cómo os llamáis?

– Sirius 1.

– Sirius 2.

Bella los miró confusa. Los niños, que se dieron cuenta, rectificaron casi al instante.

– Ups, es la costumbre. Yo soy Orion.

– Y yo James.

Bella sonrió, y recorrió la habitación de Regulus en busca de muñecas para jugar, aunque no había ninguna. Lo único que encontró un poco interesante fueron bufandas de color verde y plateado, en un cajón. Las cogió todas, y se acercó a los niños.

– Mi padre también se llama James. ¿Queréis ser merodadores conmigo? – y sin esperar respuesta, Bella levantó una bufanda y se la puso a James en la cabeza, simulando un pañuelo. Lo mismo hizo con Orion. La pequeña pelirroja estaba encantada de tener dos muñecas a tamaño real a su disposición. Los niños parecían haberle cogido cariño, y los dos ya tenían muy claro que nadie haría daño a Bella, quien ya consideraban su hermanita.

Los niños jugaban, disfrutaban de la inocencia, ajenos a la crueldad del mundo real y a la conversación que Sirius y Regulus (o más bien monólogo de ese último) mantenían a la cocina, al piso de abajo.


Cuando Regulus entró en la cocina se encontró otra escena cómica, que le hubiera hecho reírse hasta el amanecer de no ser por lo que le debía decir a su hermano. Sirius se estaba golpeando la cabeza con la mesa, mientras cantaba, desafinando, una canción infantil muggle. Solo cesó con los golpes en cuando Regulus hizo chirriar la silla para sentarse.

– Lo siento Sirius, pero necesito que me escuches. No quiero pelear…

Antes de que Sirius pudiera reaccionar, Regulus sacó rápidamente la varita y conjuró el hechizo Inmobilus. Sirius se puso rígido al instante. Solo se movían sus ojos, que miraban con furia a su hermano menor.

– A ver Sirius, ¿cómo te lo explico yo ahora? Verás… Siento decirte que no dejé a los mortífagos como te dije… Por lo menos no oficialmente – Sirius abrió los ojos como platos, mirando furioso a su hermano pequeño. Este, jugando con sus dedos y sin levantar la cabeza, prosiguió –. Pues… Snape y yo somos fieles a Dumbledore desde hace ya bastante… Aunque aún seguimos con los mortífagos como infiltrados. Si esto te sorprende, espérate a que te lo cuente todo.

« Me he enterado de muchas cosas importantes, y todo se lo comuniqué a la Orden. ¿Quién te piensas que avisó a Dumbledore que Voldemort seguía a Potter y a Lily? Verás, Bella me llama tío Reg porque cuando tú y James no estabais la solía ir a ver, y la ponía al tanto de las noticias más recientes. Bella me cogió cariño.
Sirius estaba tan confundido que no reparó en que su hermano hablaba en pasado. De lo contrario, hubiera sospechado un poco y la noticia final no le hubiera trastornado tanto.

– Sé que no querrás creerme, que pensarás que soy un maldito mortífago embustero. Pero… A ver… – Regulus dudaba. Tenía los ojos brillantes y sentía como si se ahogara – Sirius. Lily, James y Harry están muertos – el hermano pequeño no pudo contener sus lágrimas. Lloró amargamente por la muerte de su amiga, la única que le comprendía y no le juzgaba. Lloró porque no pudo hacer nada por salvarla. Tras unos minutos de tristeza por parte de Regulus y de frustración por parte de Sirius, el primero siguió con su explicación –. Lo siento, no pude hacer nada para salvarles. Intenté alertar a Lily, pero fue demasiado tarde. Yo mismo me había enterado minutos antes. Todo por culpa de ese malnacido.

« Colagusano. Ese maldito cobarde. Vendió a los Potter a Voldemort. Lily no confiaba en él, pero James y… tú, sí. Deberías haber sido tú el guardasecreto, y no ese… Lo siento Sirius, de veras. No me lo perdonaré nunca. Le envié un patronus a Lily, pero no fue suficiente. Voldemort me obligó a ir con él y… Parece que la pequeña Bella le cayó bien. Me ordenó llevármela y cuidarla yo a partir de ahora… Ya había matado a James y a Lily, e iba a hacer lo mismo con Bella y Harry. No pude salvar a Harry, él era quién realmente quería Voldemort. Lo siento, lo siento…
La voz de Regulus se extinguió. Los ojos de Sirius brillaban de furia y lágrimas, y le pidió a su hermano con la mirada que lo dejara libre. Regulus deshizo el hechizo, aunque la reacción que se esperaba de su hermano no sucedió. Sirius se levantó lentamente, con la mirada perdida.

– Cuida de los chicos e Isabella. Tengo una deuda pendiente con una asquerosa rata. Todo sea por vengar a Cornamenta, la pelirroja y mi ahijado. Mataré a Pettigrew – sentenció con mucha calma, con una voz profunda y fría que no parecía la suya –. Mataré a ese desgraciado que se hacía llamar nuestro amigo.
Sirius desapareció, y Regulus descansó la cabeza sobre la mesa, de repente agotado. Aún no lo sabía, pero esta sería la última vez que vería a su hermano durante mucho, mucho tiempo.
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Última edición por Kvothe el Sáb Sep 22, 2012 5:03 pm, editado 1 vez
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Lynn el Miér Sep 19, 2012 2:00 am

Vaya, me está gustando mucho (: Una redacción impecable y buenísima ortografía. Estoy esperando con ansias lo que sigue después. Por lo pronto te dejo +1 porque en verdad que me gustó el primer capítulo, la historia que manejas que es un tanto original y todo eso. A mí no se me habría ocurrido (: Vas por buen camino..
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Kvothe el Sáb Sep 22, 2012 5:17 pm

Gracias por tu crítica Lynn, espero que este capítulo también te guste, a ti y a todos ^^

capitulo dos: Callejón Diagon
Callejón Diagon ◆ Un ajetreado día de las últimas semanas de agosto de 1989
Otro año más, y el Callejón Diagon contaba con la misma actividad de las semanas antes del primero de septiembre. Muchos padres corrían de aquí para allá con un gran montón de libros, pergaminos e ingredientes para pociones, mientras que sus hijos observaban con la boca abierta su varita, su nueva mascota o el nuevo modelo de escoba, la más rápida del mercado: la Nimbus 1500. Un gran grupo de chicos de todas las edades se amontonaba delante de la tienda de Quidditch, empujándose y dándose codazos por alcanzar a ver algo más de la magnífica escoba.

Entre ellos destacaba una niña, la única niña, que fruncía el seño intentando ver sobre las cabezas de los demás poniéndose de puntillas, aunque no daba resultado. Era bajita para la edad que tenía, diez años. Pero siempre que le preguntaban decía once, aunque no los cumplía hasta diciembre. Llevaba su melena rojiza recogida en una coleta descuidada, y abría los grandes y preciosos ojos color avellana con ansias. Quería ver la escoba.

Justo cuando consiguió avistar la clara y brillante fusta del mango de la escoba, un chico la empujó por un lado y cayó al suelo. El chico, pelirrojo como ella pero larguirucho, con pecas y de ojos azules, se giró y la ayudó a levantarse, mientras la niña refunfuñaba sacudiéndose los pantalones, aunque aceptó su mano.

– Vigila un poco, ¿no? Mira que ir dando empujones… - la niña alzó la mirada y vio como detrás del chico aparecía otro exactamente igual que él. – ¡Sois iguales! ¡Cómo James y Orion! – gritó emocionada, olvidando la escoba.

– Hola, yo soy Fred, y él es George – dijo el primer chico.

– Un momento – intervino el otro –, ¿no soy yo, Fred? Ah, no, es verdad: yo soy Feorge, él Gred.

Los dos chicos, Fred y George o como se llamasen, sonrieron de oreja a oreja mientras la pequeña pelirroja los observaba alegremente.

– Yo soy Bella. Y vigila por dónde vas, Gred, que no se puede ir empujando a las damas – le guiñó un ojo a Fred –. Mis hermanos también son gemelos… ¡Mirad, allí están!

Los gemelos pelirrojos se giraron al mismo tiempo, observando el otro lado de la calle. Vieron a dos chicos pelinegros, altos y de penetrantes ojos grises, que corrían como alma que lleva el diablo, escapando. Los perseguía una preciosa niña rubia, de piel muy clara, fina como la seda, y cara de ángel. Parecía una muñeca de porcelana, frágil. Era extraño como una niña tan elegante y sofisticada perseguía enérgicamente y con un claro enojo reflectado en sus profundos ojos grises a los gemelos de pelo azabache.

De repente, uno de los dos chicos se paró, provocando que la niña chocara contra él. El otro también se detuvo y alzó el pañuelo que habían, según ellos, cogido prestado; según la niña se lo habían robado. La niña se alzó indignada y arrebato el pañuelo que uno de los gemelos hacía olear. Los gemelos, al mismo tiempo, besaron la niña en la mejilla, uno a cada lado. Uno la alzó y se la puso en la espalda, aunque ella lanzaba patadas por liberarse del agarre del pelinegro, aunque no consiguió nada. Bella, desde el otro lado de la calle, sonreía: ese par siempre hacían enojar a su prima. Y además era una escena muy cómica, más aún si no los habías visto antes, como Fred y George.

Saludó al trío y estos se acercaron corriendo, mientras la niña gritaba, más bien exigía, que la dejaran al suelo.

En cuanto llegaron donde Bella, Fred y George estaban, el que la llevaba dejó a la rubia al suelo. Esta se cruzó de brazos, pero también sonreía. Bella le devolvió la sonrisa y empezó con las presentaciones.

– Fred, George, ellos son James – señaló al que había cargado a la niña – y Orion, mis hermanos. Y ella es Elizabeth, nuestra prima. Bueno, en realidad prima segunda, pero como si fuera nuestra hermana. Chicos, ellos son Fred y George. ¿O era Gred y Feorge?

Todos rieron, menos Elizabeth. Aún estaba enojada con sus primos por haberle cogido el pañuelo que le había comprado su madre esa misma mañana.

– Anda, nosotros no podemos hacerlo – dijo James a Orion –. ¿Oames y Jrion? No, queda fatal. Vaya mierda nombres…

– Piensa – le respondió Orion –, que era peor cuando nos llamábamos Sirius 1 y Sirius 2.

Otra vez rieron y Bella le pegó un codazo, flojito, a Elizabeth, quien se observaba las uñas con mucha atención. Esta miró a la pelirroja entre enfadada e interrogativa, para luego deslumbrar a Fred y George con una de sus magnificas sonrisas. A veces era muy superficial, pero era muy buena niña.

– ¡Hola! – sonrió Elizabeth – Llamadme Beth, como todo el mundo. Solo que Isabella a veces olvida que odio mi nombre completo… – Bella le sacó la lengua y las dos rieron.

– ¿Qué edad tenéis? – preguntó Fred.

– Nosotros tenemos once, y este año empezamos en Hogwarts – siguió George.

– ¡Nosotros también! – exclamó James – ¿Os gustan las bromas? Podemos juntarnos y…

–… Alegrar los aburridos días de estudios – finalizó Orion. Bella rodó los ojos.

– ¿Es que aún no habéis empezado y ya aburrís las clases? – preguntó Bella – Bueno, Beth y yo ya estaremos allí para obligaros a estudiar.

– Tranquila pelirroja – Orion se acercó a su hermana y le susurró al oído –, yo me ocupo. ¿Por algo soy el gemelo listo, no? No se lo digas a James.

Bella, Orion y Beth, quien también lo había oído, rieron, mientras los otros tres se preguntaban qué demonios había dicho Orion.

– Un momento… ¿Vosotras también iréis a Hogwarts? – preguntó George – Parecéis más pequeñas…

– Perdona, pero yo cumplí los once hace tres meses – replicó Beth indignada. Bajando la voz, agregó –. Solo que soy bajita…

– Y tú Bella, ¿también tienes los once? – esta vez fue Fred quien preguntó.

– Sí… – dijo la pelirroja vacilando.

– Mentirosa – le reprendió James. Esta le pegó un golpe en el hombro.

– Bueno, tengo diez. Pero los cumplo este año, por lo que igualmente puedo ir a Hogwarts.

– Pero si ellos han hecho los once este año y tú aún tienes que hacerlos…
¿Vuestros padres no perdieron el tiempo, verdad? – preguntó Fred con una sonrisa burlona.

– ¡Cállate idiota! – George le dio una cachetada a su hermano – Nosotros tampoco podemos hablar… ¿Te recuerdo que somos siete hermanos?

– Bueno – empezó James –, la verdad es que somos hermanastros. Vivimos con nuestro tío Regulus.

– ¡Hey chicos! ¡Ya habéis oído hablar se Zonko’s, en Hogsmeade? – Orion cambió rápidamente de tema: sabía que molestaba a Bella – Dicen que allí hay millones de objetos de broma… Cuando estemos en Hogwarts…

Los chicos empezaron a hablar de bromas y de Quidditch. Bella se hubiera unido gustosa a la charla, pero Beth empezó a taladrarle la cabeza con vestidos, perfumes y maquillaje. Los cuatro parecían llevarse muy bien.

Compartían la misma sonrisa, traviesa y maléfica. De repente, los dos pares de gemelos se fueron corriendo y Bella se quedó con su prima, la cual suspiró teatralmente.

– ¿Qué vamos a hacer? – preguntó retóricamente – ¡No teníamos suficiente con dos gemelos maléficos que ahora van a ser dos más!

Bella no lo escuchaba. Ahora que Fred y George ya no estaban volvió a prestar atención a la escoba que había en el aparador. Le chiflaban las escobas y el Quidditch.

– ¡Bella! ¿Me escuchas?

– Lo siento Beth – se disculpó Bella –. Pero es que quiero, necesito esa escoba.

– Vamos, ¡si solo es una escoba! ¿No prefieres uno de los nuevos vestidos de Madame Malkin? He visto uno precioso blanco que combinaría perfectamente con tu pelo y tu piel cuando paseaba con mi mamá… – Bella abrió los ojos desmesuradamente y negó asustada – ¡Ay Bella! Vivir con esos dos te quita la feminidad. ¿Cómo puedes ser tan fanática del Quidditch?

– No solo los hombres juegan al Quidditch. Este año las Arpías de Holyhead han ganado la liga, y es un equipo formado exclusivamente por mujeres.

Bella volvió a observar la Nimbus 1500, deseando montarse en ella. Pero los alumnos de primer año no podían poseer una escoba propia, por lo que debería esperar.

– Vamos, todavía tengo que ir a por la varita. Reg me ha dicho que no podía acompañarme, que tenía que hacer unos encargos. ¡Venga!

La pelirroja cogió a Beth de la mano y se la llevó casi a rastras.

– ¡Vamos Beth! Sino llamo a James que te lleve… – en oír esto la rubia se espabiló. Odiaba que sus primos la molestaran y la trataran como a una niña pequeña, aunque solo fuera unos meses menor.


En un oscuro callejón, cerca del bullido de la gente, estaban los gemelos pelirrojos y los pelinegros. Los cuatro tenían las cabezas muy juntas, susurrando por lo bajo y dejando ver medias sonrisas burlonas y traviesas.
Aunque aún no lo sabían, Fred, George, Orion y James, junto con Bella, serían el futuro terror de Hogwarts. Los nuevos merodeadores. Los gemelos serían los chicos más bromistas, alegres y despreocupados del colegio, además de los más guapos y casanovas. Y Bella, qué decir de Bella… Sería la chica más hermosa, divertida e interesante de todo Hogwarts… Pero aún no habían llegado allí.

De momento solo eran una niña yendo a comprar su varita y cuatro niños planeando su primera travesura conjunta: asustar a Bella y a Beth. Sobre todo a Beth, aunque nunca llegarían a realizar esa primera broma de muchas, ya que los pelinegros serían buscados por su tío y los pelirrojos por su amplia familia. Los ojos grisáceos, casi blancos, de los gemelos Blacks, brillaban con la emoción de haber encontrado dos cómplices para gastar bromas a su prima, su blanco favorito. Aunque a esas alturas Bella ya era una chica bromista, divertida y el cerebro de muchas de sus bromas, a veces se negaba a molestar tanto a Beth. En Hogwarts sería diferente, Bella se volvería mucho más retorcida y traviesa de lo que ahora era. Hogwarts le cambiaría la vida, y aún no sabía cuánto.


Las dos niñas entraron, un poco intimidadas, a la vieja tienda de
Ollivanders. Bella observó con su mirada curiosa las estanterías llenas de cajas de varitas, de todos los tamaños y colores posibles y la gruesa capa de polvo que las cubría. Había centenares, miles de varitas. Había un escritorio lleno de libros y de más varitas. La única fuente de luz de la sala era una vieja lámpara de óleo también encima del escritorio. Beth se retorcía un mechón de su pelo platino nerviosa; la última - y la primera - vez que había estado allí iba acompañada por su padre y su madre. Estaba asustada de estar ella y su prima solas en la tienda, aunque Bella solo sonreía y miraba los millones de varitas que había en sus cajas.

Beth pegó un salto y no pudo evitar un grito ahogado en cuanto la estantería de su izquierda se separó y dejó paso a un viejo excéntrico, con los cabellos grises embullados y la piel rugosa como el pergamino. El hombre, de inteligentes ojos azules, les sonrió con amabilidad y ternura, cosa que calmó los nervios de la rubia.

– Buenas tardes señoritas. Deduzco que Isabella requiere de una buena varita. Recuerda, la varita escoge al mago – la nombrada abrió los ojos sorprendida de que ese extraño supiera su nombre – Elizabeth ya vino a buscarla esa mañana. Madera de cid, veintiocho centímetros. Rígida y elegante, excelente para encantamientos. Núcleo de pelo del unicornio más elegante y dócil con el que he tratado en mi vida. ¿Verdad señorita?

Beth asintió sonrojada mientras sacaba su varita de la pequeña bolsa que llevaba colgando. El señor Ollivanders, quien Bella supuso que era sacó una cinta métrica y empezó a medir a Bella. La alzada, la largura de los brazos, de las piernas, el diámetro del cráneo, la distancia entre ceja y ceja… Bella se estaba quieta, sin rechistar ni parar atención a las medidas que Ollivanders murmuraba. Tan rápido como cuando la sacó, Ollivanders guardó la cinta y se giró hacia las estanterías, buscando una varita para Bella mientras musitaba.

– Madera de nogal, treinta y cinco centímetros, núcleo de… No demasiada tosca y primitiva para una chica como Isabella. Recuerdo como si fuera ayer cuando su madre vino a comprar su varita a los once años. Sauce, veinticinco centímetros, muy buena para encantamientos de alto nivel. Creo que era de las varitas más elásticas que nunca he hecho. Y núcleo de fibra de corazón de dragón, su madre era una chica muy explosiva y enérgica. Es igual que ella. Puede que usted también necesite una varita explosiva. Acebo, treinta centímetros y muy elástica, aunque no tanto como la de Lilian. Núcleo de fibra de corazón de dragón – Ollivanders sacó una caja de la estantería y se la tendió a Bella –. De un colacuerno húngaro, exactamente. Una varita con carácter.

Bella cogió la varita y la sacudió, como lo había hecho tantas veces con la varita de su tío Regulus. Apuntó la pila de libros del escritorio, la cual salió volando. Ollivanders le sacó la varita de las manos en un abrir y cerrar de ojos.

– Quizás necesitará una varita como la de su padre. Madera de caoba, veintiocho centímetros. Núcleo de pelo de unicornio, flexible y excelente para transformaciones. Por cierto, tiene sus mismos ojos. Veamos que tenemos aquí… – pasó sus largos y claros dedos entre las cajas de varitas y se paró sobre una – Olmo, veintisiete centímetros y medio. Bastante rígida, aunque frágil, la verdad, pero perfecta para transformaciones. Núcleo de unicornio. Tan solo era un potro cuando le cogí ese pelo.

Le dio la varita a Bella, pero justo cuando esa la iba a agitar, Ollivanders se la sacó de la mano y la volvió a guardar. Se giró otra vez hacia las estanterías y, de repente, se quedó muy quieto.

– Núcleo de pluma de fénix. Veintiocho centímetros. Flexible, madera de acebo. Creo que esa varita sería perfecta para su hermano…

– Perdone señor Ollivanders – interrumpió Bella, sin poder contener más tiempo su infinita curiosidad –, mis hermanos ya han venido a buscar su varita esta mañana.

– Lleva razón, Isabella. Los gemelos Black, James y Orion, ya tienen sus varitas. Madera de abeto, veintisiete centímetros y núcleo de fibra de corazón de dragón; y tejo, treinta centímetros y núcleo de pluma de fénix, respectivamente. Pero yo hablo de su verdadero hermano, el Elegido…

– ¿Pero…? – Bella estaba muy confusa, pero antes de poder terminar la pregunta la exclamación de Ollivanders la sorprendió.

– ¡Ajá! Creo que ya he encontrado la varita que la elegirá como ama, señorita Isabella. Madera de roble rojo, veintisiete centímetros y medio, agradablemente flexible y estabilizada. Solo apta para alguien de mente rápida y con reflejos, perfecta para duelos y para transformaciones de muy alto nivel. Una varita potente y poderosa, no hay duda. Hay quién dice que el roble rojo hace varitas demasiado temperamentales, pero con una buena mano que la controle no suponen ningún problema, y creo que usted podrá con ella.

Ollivanders sacó una caja verde esmeralda llena de polvo. La abrió y se la ofreció a Bella, quien cogió la varita cuidadosamente. Era de un color rojo intenso, como su cabello, y brillante, perfectamente recta, aunque no era rígida. Había unas florituras escrupulosamente gravadas en el mango, y se ajustaban exactamente a la mano de Bella. Un calor extraño subió por el brazo izquierdo de la pelirroja. Bella era zurda, y había pocas varitas que se ajustaran tan bien a una mano izquierda.

La rara sensación se extendió por todo el cuerpo, desde las puntas de los dedos de los pies hasta los cabellos largos y rojizos. La varita ya había elegido dueño.

– Isabella, tengo que contarle una cosa especial. Hace muchos años que esta varita está hecha, y nunca la había dejado probar a nadie. Sabía que no sería la adecuada. En realidad, pensé en darle esa a su madre, pero las varitas eligen. Cuando era joven, tan joven que aún estudiaba en Hogwarts, solía frecuentar el Bosque Prohibido – ni Bella ni Beth, quien se había quedado extrañamente quieta y callada, dijeron nada, pero ninguna de las dos no tenía ni idea de lo que era el Bosque Prohibido –. Un día me encontré un centauro herido, tan solo era una cría y tenía una pata rota y no podía caminar. Le ayudé a curar su pata, y él me lo agradeció regalándome un pelo de su cola. Aunque él era joven, sabía que yo trabajaría fabricando varitas. Los centauros lo saben todo. Nunca antes se había visto una varita con núcleo de pelo de centauro, porque estas criaturas son seres inteligentes que no acostumbran a regalar sus pelos para fabricar varitas. Esa es la única excepción. El centauro me dijo que la varita que contenga ese pelo como núcleo recibiría la ayuda de las estrellas. Y como el centauro era pelirrojo, como usted, decidí hacer la varita de roble rojo, dando a la varita un toque aún más especial. Verá, no es una madera muy común y, aunque atractiva, no es muy deseable por el hecho de ser difícil de controlar. Le confío, Isabella, la varita más extraña y poderosa que ha salido de esa humilde casa de fabricantes de varitas. Espero que le sea de mucha ayuda.

– ¿Cuánto vale? – preguntó Bella aún impresionada con la historia.

– Nada, señorita. Considéralo un regalo de cumpleaños avanzado.
Ollivanders sonrió y Bella le devolvió la sonrisa. Guardó la varita en su polvorienta caja.

– Gracias, señor Ollivanders. Pero antes dijo algo sobre mi hermano…

Unos golpes al vidrio la hicieron saltar. Se giró y encontró los rostros casi iguales de James y Orion y, detrás, la cara sonriente de Regulus.

– Creo, señoritas, que esos caballeros las requieren. Pasen un buen día, queridas.

Bella y Beth se despidieron del señor Ollivanders y salieron al encuentro con los chicos. Bella seguía confundida sobre lo que el viejo le contó sobre sus padres y su supuesto hermano. Ya sabía que sus padres habían muerto cuando era ella pequeña, y por eso la cuidaba Regulus junto a James y a Orion, el padre de los cuales era el hermano de Regulus y estaba encarcelado en Azkaban por una injusticia, según Reg. ¿Pero un hermano? Reg nunca le había dicho que tenía un hermano…

– ¡Bella! Te tengo una sorpresa – dijo Regulus sonriendo –. Espero que te guste…

– ¡Mirad! Tío Reg nos ha dicho que esas dos lechuzas son perfectas para nosotros – James alzó una gavia donde aleteaba una majestuosa lechuza negra. Orion enseñó a Bella y a Beth una gavia con una lechuza igual que la de James, aunque no tan alterada; Orion tenía más cuidado de no hacer movimientos bruscos. Las brillantes plumas de las lechuzas eran del mismo color que el pelo de los chicos, y sus ojos tenían un peculiar tono naranja rojizo –. Creo que le voy a poner Orion… – sonrió James mirando de reojo a su hermano, quien hizo una mueca.

– ¿Ah sí? Pues la mía se llamará James, así subimos un poco la dignidad del nombre – James empujó un poco a Orion y empezaron una amistosa pelea. Regulus suspiró resignado por la actitud de sus sobrinos y les dio la espalda, mirando a las chicas.

– ¡Beth! ¡Corre, papá y mamá te buscan!

Tanto Beth como Bella se giraron observando el pequeño niño rubio platino y de ojos grises, clavado a Beth. Era su hermanito pequeño, Draco. Bella reprimió una mueca, nunca le había caído demasiado bien. Tan solo tenía nueve años, pero Draco ya era un niño repelente y orgulloso como él mismo, y no lo soportaba. Y la verdad es que la pelirroja inspiraba cierto miedo a Draco, quien la evitaba siempre que era posible.

Beth le revolvió el pelo a su hermano, quien bufó frustrado, y se despidió de Regulus y Bella con un abrazo. De los gemelos no se despidió, ya que habían dejado las lechuzas al suelo y seguían con su pequeña disputa. Se fue junto a Draco hacia el otro lado de la calle, donde había un hombre y una mujer rubios. La mujer saludó a Regulus con la mano, pero el hombre ni se inmutó. Regulus suspiró otra vez: con su prima Narcissa si que se llevaba bien, pero con su marido, Lucios Malfoy, era completamente diferente.

– ¿Qué Bella, ya tienes tu varita? – le preguntó Regulus. Eso hizo que recordara lo que le había dicho el señor Ollivanders, sobre su hermano y sobre la historia de su varita.

– La verdad es que me gustaría hacerte un par de preguntas sobre algo que me dijo Ollivanders… – vaciló Bella mientras observaba como Orion, sin querer, daba una patada a la gavia de la lechuza de James.

– ¡No! Pobre Orion… – gritó dramáticamente James, mientras recogía la gavia. La pobre lechuza aún estaba más alterada que antes; no sabía que dueño le había tocado. James se encaró a su hermano – Vigila tío, que vas a matar a tu sobrino. ¡Aun que le he puesto tu nombre!

Tanto los gemelos como Regulus y Bella rieron, y esta última olvidó un poquito la charla con Ollivanders.

– Bueno Bella, como te decía, te tengo una sorpresa. En casa te la enseño…

Regulus cogió a Bella de la mano y consiguió alcanzar el brazo de Orion, quien a su vez cogió a James. Los cuatro, las lechuzas y los paquetes que llevaban desaparecieron. De repente se encontraban en la cocina de casa suya, el número 12 de la Plaza Grimmauld. Aunque Bella sabía lo que pasaría, como siempre le tomó por sorpresa y Regulus tuvo que sostenerla para que no cayera. Orion y James no tuvieron tanta suerte, quienes junto a sus lechuzas con los mismos nombres cayeron al suelo en un descontrol de piernas, brazos y plumas. Bella rió un poco, y después miró a Regulus, curiosa y emocionada.

– Así, tío Reg, ¿cuál es la sorpresa?
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Kvothe el Mar Oct 02, 2012 1:30 pm

Este es un capítulo de transición, donde Bella se entera de quién es ella y quién es su hermano. Puede ser un poco aburrido, pero es necesario. El siguiente capítulo ya subirán al tren rumbo a Hogwarts, aunque todavía no está terminado. Intentaré terminarlo en cuanto antes Smile ¡Disfrutad del capítulo!

capitulo tres: Jaron
Callejón Diagon ◆ El mismo día de las compras en el Callejón Diagon, agosto de 1989
– Así, tío Reg, ¿cuál es la sorpresa?

Bella observaba a Regulus con ojos curiosos y una ceja levemente arqueada. James y Orion se levantaron atentos, mientras se quitaban las plumas del pelo, las cuales se confundían con el azabache de sus cabellos. Hasta pareció que Orion y James, las lechuzas, dejaban de armar tal alboroto para prestar atención a la sorpresa para Bella.

– Un momento Bella, voy arriba a buscarlo – Regulus salió de la cocina y los gemelos se acercaron a Bella con actitud interrogante.

– ¿Qué crees que será, pelirroja? – preguntó James mientras luchaba para deshacerse de una pluma que se había enredado en su lacio cabello.

– ¿Qué quieres que sea, idiota? – le respondió Orion estirando la pluma, arrancando a la vez unos cuantos pelos a su hermano, quién respondió con una cachetada – Nuestra sorpresa eran las lechuzas. Yo creo que será tu mascota Bella, una lechuza o tal vez un gato…

– Me gustaría un fénix – dijo Bella con voz soñadora –. Pero claro, eso es imposible. Seguro que es un sapo…

De repente apareció una pequeña sombra, que pasó rápida como la luz por el lado de las pobres lechuzas, alterándolas aún más. Se paró ante Bella y empezó a lamerle los pies. No era una sombra, era un perrito. Exactamente un cachorro de Jack Russell Terrier. Tenía la cabeza, menos el morro y una línea entre los ojos, color marrón arenoso, y observaba a Bella con unos grandes y oscuros ojos. Tenía un par de manchas del mismo color a lo largo de la espalda. Por todo lo demás, era de un brillante y precioso blanco, como la nieve más puro. Pero algo no encajaba…

Tenía dos colas, las cuales movía energéticamente. Dos cortas colas que
cada una no hacía más de un palmo. Parecían le lengua de una serpiente pero, mientras que esas le asqueaban, las colas bífidas del cachorro solo lo hacían más adorable.

– ¡Un crup! – gritó Bella emocionada mientras cogía el cachorro en brazos. Este le lamió la cara, contento – Gracias Regulus.

Regulus sonreía desde el marco de la puerta. Sabía que a Bella le encantaban las criaturas mágicas, y sabía que los crups eran de sus favoritos. Bella corrió hacia él y, con el crup en medio, lo abrazó. Luego se giró y se encontró con la mirada atónita de los gemelos.

– ¿Un grub? ¿Y esto qué es? ¿Por qué tiene dos colas? – preguntó James señalando las colas del cachorro, y este le gruño un poco. James apartó la mano, como si aunque los separaran tres metros pudiera morderle.

– Crup, James, crup – respondió Bella poniendo los ojos en blanco –. Y es como un Jack Russell, solo que con una cola de más, pero cuando tienen pocas semanas se las cor… – Bella volvió a mirar el crup. Debía tener unos tres meses, y ya deberían haberle cortado una de las colas para que los muggles no lo encontraran extraño – Reg, ¿por qué tiene dos colas?

Regulus no pudo evitar reír un poco. Acarició la cabeza del crup.

– Sé que no te gusta que les corten una cola, aunque sea indoloro. He conseguido el permiso del Ministerio, siempre y cuanto le aplicamos un hechizo de apariencia cuando lo saquemos a pasear. Cierto que esos hechizos no funcionan de muy cerca, pero con lo agresivos que son los crups con los muggles dudo que ninguno quiere acercársele.

– Gracias tío Reg – repitió Bella –, es la mejor sorpresa que pudieras hacerme…

– ¿Y cómo vas a llamar a ese grub, Bella? ¿Qué tal Orion? – dijo James sonriendo burlón a su hermano.

– ¿Qué tal “James tiene la cabeza vacía y un humor repetitivo”? – respondió Orion, enfatizando la frase dando golpecitos en la cabeza de James, como si quisiera averiguar si había algo dentro – Ya hay bastante con llamarle así a tu lechuza, hermanito. Renuévate.

– ¿Cómo que me renueve? Mi humor está en perfectas condiciones, no es para nada repetitivo. Es completa y originalmente “made in James” – James infló el pecho, lleno de orgullo. Luego miró a Orion indignado –. Además, tú también le has puesto mi nombre a tu lechuza. ¡Y no me llames hermanito, que soy cinco minutos más grande que tú!

Los gemelos comenzaron una discusión sobre quién era más grande, quién tenía un humor más original y cómo se llamaría el crup de Bella. La pelirroja suspiró resignada, y recordó la charla con el señor Ollivanders. Tenía que hablar con Regulus.

– Regulus, tengo que contarte algo. Es sobre una cosa que me ha dicho el señor Olli…

– ¡Bella! ¿Cómo se llamará el grub, James u Orion? – interrumpió James, como siempre.

– ¿Ves como no eres nada original? Debería llamarlo Jack…

– ¡Callad los dos! ¡Ya basta! – Bella tenía mucho carácter, y cuando lo
sacaba a la luz era mejor no contradecirla. Los gemelos observaron temerosos los ojos de la pelirroja, los cuales se habían oscurecido, como siempre que Bella se enojaba – Y Jack tampoco es un nombre muy original, Orion, teniendo en cuenta que se parece a un Jack Russell Terrier.
Los gemelos rieron aliviados, lo peor había pasado. Los ojos de Bella volvían a ser del natural color avellana, y no aquel marrón oscuro. Hasta James se burló levemente de su hermano.

– Así, ¿cómo lo vas a llamar? – preguntó Regulus a Bella, quien acariciaba al pequeño crup.

– ¿Es macho?

– Sí.

Bella observó el crup unos instantes, pensativa, para luego formar una grande y hermosa sonrisa.

– Jaron.

– ¿Jaron?

– Sí. Una fusión de James y Orion – contestó sonriendo maléficamente a sus hermanos –. Además es bonito.

– ¿Yo también tengo tan poca originalidad por los nombres? – sonrió Regulus – James y Orion son como su padre, normal. ¿Pero tú, Bella? ¿Te he criado mal?

Todos rieron alegremente, y Jaron observó a los gemelos, como si supiera que su nombre era debido a esos dos y lo aceptara. Ellos no rechistaron, ese nombre ya les iba bien. Y Bella sonreía, encantada con su nueva mascota. Era aún mejor que un fénix.


– Reg, ¿puedo hacerte una pregunta, ahora que ni James ni Orion podrán molestarnos? – preguntó Bella sonriendo. Desde el piso de arriba se sentían las carreras de los gemelos detrás de Kreacher, el elfo doméstico de la familia. Los chicos siempre buscaban molestarle y hacerle la vida imposible, y el los maldecía con arcaicos insultos, comparándolo con su perro y traidor padre. Era un elfo viejo y cascarrabias, pero completamente sumiso al señorito Regulus y a la señorita Bella. Al principio tampoco toleraba a Bella, decía que era un demonio por el color de su pelo, pero esta se ganó su respeto y su obediencia.

– Claro Bella, sabía que tarde o temprano tenía que hablar contigo. ¿Qué te ha dicho Ollivanders? – Bella suspiró, esta vez no había ningún contratiempo, y Regulus, como siempre, iba directamente al grano.

– Ollivanders me ha dicho que tengo un hermano. Yo primero pensaba que se refería a James u Orion, pero no. Dijo mi verdadero hermano. El Elegido. ¿Eso quiere decir…?

– Sí Bella. Harry Potter es tu hermano. Eres Isabella Potter, hija de James y Lily. Será mejor que te sientas, por favor. Es una historia, no realmente larga, pero si un poco chocante.


– Bien. Empezamos – dijo Regulus cuando los dos estaban acomodados en la cocina, uno enfrente al otro y con una taza de té humeante. Regulus recordó como, ocho años antes, tuvo una conversación muy parecida con su hermano en el mismo lugar, pero tuvo que hechizar a Sirius para que le escuchara. Con Bella era diferente, ella estaba atenta, deleitosa de saber –. No tengo que explicarte quién era el Señor Tenebroso. Lo sabes perfectamente. Nunca os lo he contado, por vuestra seguridad, pero sé que te has leído todos los libros de la biblioteca, dónde hay algún ejemplar donde pone algo… ¿Es así, verdad?

– Sí – asintió Bella –, así es. Leí algo en Historia de la magia moderna, y sentí curiosidad. Luego busqué y encontré más, en Grandes eventos mágicos del siglo XX y en Ascenso y caída de las artes oscuras. Lo sé todo, o al menos todo lo que pone en los libros. Pero… ¿Harry Potter – dijo el nombre con un poco de admiración – es mi hermano? ¿El niño que sobrevivió?

Bella estaba realmente confusa. Sabía que sus padres biológicos habían muerto cuando ella era pequeña, y casi no los recordaba. A Bella no le gustaba hablar de ellos, ni a Regulus, como tampoco se hablaba del padre de los gemelos. Eran temas tabús, aunque Regulus nunca les había hecho creer que eran sus hijos biológicos, solo adoptados. Y para Bella Black, descubrir que en realidad era Bella Potter, hermana del niño que venció al-que-no-debe-ser-nombrado, era demasiado.

– Lo siento Bella, debía habértelo dicho mucho antes. Los primeros días estuvieron bien, pero pasaban las semanas y a te parecía extraño que tus padres no volvieran a por ti. Al principio te hice creer que estaban de viaje por culpa del trabajo, pero ya entonces eras demasiado inteligente para engañarte. Llorabas mucho, pidiendo por tus padres y Harry… Y yo no tuve otra opción. Lo siento mucho, pero te hice olvidarlo. Yo solo quería que vivieras feliz, y no te podía decir que James y Lily habían muerto y que tu hermano era el nuevo héroe del Mundo Mágico. Eras demasiado pequeña. Lo siento…

Regulus se derrumbó, escondiendo la cabeza entre sus manos. Bella se levantó de su asiento, todavía un poco confusa e intimidada, aunque no enojada, y abrazó a Regulus. Este pareció recuperarse, y alzó a la pelirroja para sentarla en sus rodillas.

– Como ya sabes – prosiguió Regulus – Lord Voldemort era un poderoso
mago oscuro que buscaba la inmortalidad y la pureza de la sangre, además de dominar el Mundo Mágico. Durante diez años se apoderó de todo el Mundo Mágico, excepto Hogwarts. Y entonces, hubo una profecía que decía que el único con poder de derrotarlo nacería a finales de julio y que sus padres habrían desafiado al Señor Tenebroso tres veces.

« Y Harry nació el 31 de julio. Tus padres pertenecían a la Orden del Fénix, una organización liderada por Albus Dumbledore que luchaba contra los Mortífagos, los secuaces de Voldemort. Harry era el niño de la profecía. Voldemort supo… se enteró de que el hijo pequeño de los Potter era el Elegido. Y decidió deshacerse de él cuando aún era pequeño. Tardó más de un año en… en encontraros. Y luego atacó.

Regulus se quedó callado, buscando las palabras exactas. Bella, inmersa en la historia, aprovecho para asimilar lo que Regulus le había contado, hasta caer en lo importante.

– ¿Pero…? Harry era el Elegido, ¿pero yo…? ¿Por qué sobreviví, también? – preguntó Bella, entre horrorizada y curiosa. Regulus suspiró, preguntándose si Bella era lo suficiente madura para entender lo que quería decirle.

– Verás… No sé como explicártelo.

– Regulus – dijo Bella con una voz seria y decidida que no se acostumbra a ver en niñas de diez años –, solo dilo.

Regulus suspiró y empezó a desabotonarse la manga izquierda de la camisa. La casa se había sumido en un profundo silencio. Hasta los gemelos, arriba, parecían haberse cansado de perseguir a Kreacher. Solo se oía la nerviosa respiración de Bella y el suave ruido que producía el roce de la mano de Regulus sobre la tela. Finalmente, con una cuidadosa lentitud, el pelinegro se subió la manga, dejando a la vista el antebrazo.
Bella ahogó un grito de sorpresa. En el brazo, Regulus, como una vieja, oscura y horrorosa cicatriz, tenía tatuado una tétrica calavera negra de la cual salía una serpiente. Bella la había visto en un par de libros, y la reconoció.

Observó a Regulus, el que había sido como un padre por ella. Tenía la mirada fija en el suelo, y el pelo lacio le escondía la cara. Bella no estaba enfadada. Solo confusa. No entendía como alguien como Regulus podía haber sido mortífago en el pasado. Es una broma, pensó primero. No es la marca tenebrosa, se le pasó por la cabeza. Es un error, creyó por unos segundos. Estoy soñando, pensó antes de que Regulus levantara la cabeza, asintiendo lentamente. Él es bueno, pensó antes de abrazarlo enérgicamente, rodeándolo con sus brazos pequeños y, a la vez, tan fuertes.

Estuvieron así un buen rato, hasta que los gemelos volvieron a armar jaleo al piso de arriba. Ni Bella ni Regulus les prestaron mucha atención, pero si lo suficiente por separarse y retomar la conversación.

– Tú eres bueno – dijo la pelirroja, con una firmeza casi feroz que no admitía replica alguna –. No eres como ellos.

– Tienes razón – afirmó Regulus después de un corto silencio –. No soy como ellos, pero antes sí. Verás… Eres muy pequeña, no sé si lo entenderás.

– Si no lo entiendo tampoco tienes que preocuparte. Y si no quieres decirlo, me es igual. Haré como si nunca hubiera hablado con el señor Ollivanders sobre mi hermano, seguiré siendo Bella Black.

– En Hogwarts nunca has sido Bella Black. ¿Sabes por qué os leí la carta de Hogwarts, en lugar de dárosla? No estaba preparado por contártelo… – Regulus sacó su varita y apuntó al piso de arriba – Accio cartas – murmuró.

Tres cartas aparecieron rápidamente. La primera iba dirigida al señor J. Black y la segunda al señor O. Black. Bella cogió la tercera aguantando la respiración.

Señorita I. Potter
La habitación de las paredes con pósters muggles
12, Grimmauld Place
Londres

Bella dejó escapar un respingo, hasta ahora no se había creído del todo que ella fuese Isabella Potter. Sacó la carta del sobre con los dedos temblorosos y observó la primera línea.

Querida señorita Isabella L. Potter,

No sabía qué decir. Alzó la vista, buscando los ojos grises de Regulus.

– ¿Por qué? – no le salía la voz. Un torrente de emociones le recorría el cuerpo por dentro. No sabía si tenía que sentirse enojado, ilusionada o decepcionada. Solo esperaba que Regulus entendiera su pregunta y le explicara todo lo que quería saber.

– Al principio sí que era un mortífago – empezó Regulus –, pero rápidamente entendí que sus ideales no eran los adecuados. Aún así, seguí a las órdenes de Voldemort. Era un espía para Dumbledore. Y fue así como supe que Voldemort quería matar a tu hermano. Yo intenté avisar a tu madre, pero fue demasiado tarde. Solo pude salvarte a ti. No sé cómo pero le caíste bien, y me dijo que te cuidara y te diera mi apellido. Y así lo hice, lo siento. Ya que no pude ayudar a tus padres, no quería dejarte sola.

– ¿Y dónde está Harry? Si sobrevivió, ¿cómo es que no lo cuidas tú, también?

– Dumbledore creyó que Harry estaría más seguro enviándolo a vivir con vuestros tíos muggles.

– Pero si Voldemort ha muerto, ¿cómo es que Harry no estaría seguro contigo? – preguntó Bella, casi sin darse cuenta de que le había dicho que tenía tíos.

– No ha muerto. Muchos creen, o quieren creer, que sí, pero Dumbledore sabía casi del cierto que aún está vivo, débil, pero vivo. Y yo se lo aseguré. Te juro que Voldemort es muy difícil de matar, creo que imposible.

– Una cosita Reg… – empezó Bella un poco incómodo. No sabía por qué, pero con las últimas palabras se había puesto nerviosa, y había notado que era un tema del que Regulus prefería no hablar – En Ascenso y caída de las artes oscuras leí que la mayoría de mortífagos fueron encarcelados en Azkabán. Había una lista… Lestrange, Avery, Carrow… Y también salía un Black, supuestamente uno de los más peligrosos y locos. ¿Es…?

– Sirius Black. Sí, mi hermano. Pero es inocente, te lo aseguro. Era el mejor amigo de tu padre, nunca se hubiera unido a los mortífagos. ¿Por qué crees que ha sido borrado del árbol genealógico? Si hubiera sido mortífago se habría ganado un lugar de honor.

– Pensaba que era otro Black… – Bella miraba las tazas y los platos que se levaban solos, en el fregadero, con aire distraído – ¿Y James y Orion saben algo?

– No – negó Regulus un poco tajante, aunque luego dibujó una sonrisa – Y te pido que no les digas nada. Son como él, no hay duda. Y además, sinceramente, tú lo has entendido bien, pero ellos estarían gritando y al borde de un ataque de nervios, con lo dramáticos que son. Será nuestro pequeño secreto, si quieres.

– Claro que sí. Aunque debemos decirles que mi apellido es Potter, ¿no? – Regulus asintió – Supongo que eso lo entenderán, tampoco son tan cortos – terminó con una sonrisa al mismo tiempo que James y Orion, las lechuzas, entraron en la cocina, dejando plumas por todos lados. Los gemelos, como si les hubieran llamado, también entraron corriendo intentando atrapar a las lechuzas.

Bella y Regulus rieron, quitándose de encima la tensión acumulada en los últimos minutos. Por último, también exaltado, entró Jaron, el pequeño crup de Bella que había estado durmiendo en un sofá del salón. Por jugar, o eso creyó Bella, se acercó a James y le mordió el pie.

– ¡Ah! – gritó James, más por la sorpresa que por el dolor, con los ojos desorbitados y sacudiendo el pie – Bella quítame esta cosa, por favor. ¡No te rías, idiota! – le gritó a Orion, quien estaba al suelo retorciéndose de la risa – Por favor, Bella, haré cualquier cosa que quieras, pero sácamelo.

Bella llamó a Jaron, el cual alzó las orejas en señal de reconocimiento. Bella le señaló Orion, quién todavía estaba al suelo riendo. Cuando Jaron soltó a James y miró ferozmente al otro chico, este se calló y empezó a retroceder, pero Jaron le saltó encima. Antes de que el crup llegara a Orion, Bella lo alzó en brazos. Orion aún se protegía la cara con las manos, y James se cogía el pie mordido.

– Joder Bella, ya podías dejar que lo mordiera a él también – dijo James señalando a su hermano, aunque en su voz había un deje de la alegría y burla habitual.

– Ahora ya lo sabéis – dijo Bella, acariciando la cabeza de Jaron –. Creo que no volveréis a despertar a Jaron, ¿verdad?

Jaron gruño un poco a los gemelos, pero se giró hacia Bella y le lamió la cara, como si estuviera muy de acuerdo con lo que acababa de decir.
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Oesed el Vie Oct 12, 2012 2:29 am

Amé la into, ahora en mas te seguiré pero como son las 2:30 AM por ahora me quedaré con eso xD


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El sonido de una guitarra es lo que acompaña este ambiente cuando mis labios besan los tuyos.

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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

Mensaje por Nata el Vie Oct 26, 2012 6:51 pm

¡Me encantó! Me quedé enganchada Very Happy Morí de la risa con lo de Sirius 1 y Sirius 2. Espero que pronto sigan los demás capítulos.
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Re: No es Black, es Potter. Bella Potter {En proceso}

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